La córnea es la lente transparente que le da curvatura al ojo. En condiciones normales, la córnea tiene forma de un “domo” con un grosor mayor a medio milímetro; pero en el queratocono, la córnea pierde la forma de domo y adquiere una forma que se asemeja a la de un “cono”.
SÍNTOMAS
Visión borrosa y distorsión de las imágenes son los primeros síntomas. A partir de aquí, el padecimiento puede estabilizarse o progresar lentamente los siguientes 10 a 20 años. Inicialmente la visión puede estar sólo ligeramente afectada y se puede experimentar deslumbramiento, sensibilidad a la luz e irritación.
El queratocono puede afectar uno o ambos ojos simultáneamente, y su grado de afección puede ser asimétrico (un ojo se afecta en mayor proporción respecto al otro). Conforme el queratocono avanza, se produce una irregularidad en la superficie corneal (astigmatismo) que no puede ser tratado con anteojos.
TRATAMIENTO
Las opciones terapéuticas dependen de la severidad del padecimiento y pueden ser las siguientes:
Cuando el queratocono apenas empieza, el paciente puede usar anteojos. Cuando el padecimiento progresa, no es posible seguir usando lentes de armazón por la deformación de la córnea. Por lo tanto se debe iniciar el uso de lentes de contacto rígidos permeables al gas. Si bien los lentes de contacto mejoran la visión, no detienen la progresión del queratocono.
En el caso de que se presente intolerancia a los lentes de contacto o que el padecimiento progrese hacia un queratocono moderado o severo, se deberá implantar anillos intracorneales. Si ninguna de las alternativas funciona, se puede llegar al transplante de córnea del ojo afectado con una expectativa de éxito cercana al 85%.